Querida Julieta

Querida, querida Julieta, sé
lo qué hace latir tu hermoso corazón,
solo yo conozco esos laberintos
donde se desata el incesante galopar
que provocan mis palabras en ti;
ni siquiera aquel triste zafio y necio
que alega amarte podría vanagloriarse
de conocerte como lo hace este
infausto trovador al que amas
y hace bullir toda tu sangre
y relucir esos sublimes ojos esmeraldas. 

He luchado cómo un loco conmigo mismo
por hacer que la flor del idilio crezca,
se eleve luciente e inflexible en tu honor
pero aún no logro cincelar en mí
la vasta devoción que tu alma merece;
y solo cuándo mi pecho se agite desbocado
ante la simple presencia de tu sombra,
podré entregarte cabalmente este silencioso
corazón que sin latir mucho te quiere,
y aunque los avatares del amor nos alejen,
no llores Julieta, pues otros amores te esperan.

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